Cualquier superficie de circulación se vuelve muy peligrosa si está mojada. La falta de adherencia está en proporción directa con el piso, el estado de los neumáticos y los frenos, y la velocidad.

Es mucho más fácil que los neumáticos se bloqueen al frenar sobre pavimento mojado. En tal caso, si el automóvil no dispone de sistemas antibloqueo de frenado, seguirá en la misma dirección que traía, aunque su conductor gire el volante. 

Debido a la falta de tracción efectiva en la superficie de contacto entre la vía de circulación y los neumáticos, éstos resbalan.
Lo mismo ocurre si nos enfrentamos a una vía donde existe gravilla suelta y frenamos sobre dicha superficie.

Lo más relevante en este proceso de derrape es la pérdida de dirección de la unidad. El conductor pierde parcial o totalmente el control del vehículo y éste queda sujeto al efecto de su inercia. El derrape puede comenzar, al frenar y/ o intentar girar el vehículo, ya que se produce una fuerza producto del viraje que empuja lateralmente la unidad, haciendo que las ruedas resbalen de costado, en sentido transversal sobre el piso mojado, sin llegar a rodar. Entonces, el vehículo puede avanzar bajo la acción incontrolada de la fuerza centrífuga y hacer un trompo (girar sobre si mismo encima de la ruta).

Cuanto mayor sea la velocidad, mayores serán las posibilidades de perder el dominio del automóvil ante una mínima situación que obligue a esquivar un objeto, o frenar. Por lo general, el conductor pisará con fuerza el pedal del freno, con lo cual se bloquearán las ruedas y el automóvil quedará a la deriva hasta que colisione contra algo , dentro o fuera de la vía de circulación.

En las ciudades, los siniestros viales en los días de lluvia, pueden multiplicarse por cinco veces o más respecto de los días donde el pavimento se presenta seco. Si al piso mojado se añade la posibilidad de que continúe lloviendo, la visibilidad disminuye.
Además, con la acumulación de agua sobre la calle, pueden ocurrir situaciones de hidroplaneo, generadas por una velocidad inadecuada frente a las actuales circunstancias.

El hidroplaneo se produce cuando el neumático en el giro no alcanza a sacar toda el agua que le ingresa. En determinado momento el agua, que no cambia de volumen, termina haciendo una cuña a la base del neumático y lo levanta. Literalmente los neumáticos planean sin tocar el pavimento, lo que genera una pérdida de control. El mal estado de las carreteras, los charcos, los desniveles entre el límite de la carretera y el margen aledaño, así como los puentes angostos, constituyen condiciones adversas para la conducción y pueden ser factores de riesgo que deriven en la pérdida de dominio de un vehículo.